Pues aquí estoy.

Sin más aspiraciones que entender este conglomerado de palabras, ideas y tonterías como lo que son. Y ya está definido.

Siempre digo que cuando camino en linea recta (pie derecho, pie izquierdo, pie derecho...) mi cuerpo, obediente como suele ser, sigue el camino. Mi mente, en cambio, vaga libremente por espacios vividos o por vivir, soñados, pensados, imaginados o ansiados y es incapaz de centrarse en un solo objetivo. Creo que a eso lo definen como "ser disperso". Pues si, soy dispersa, muy dispersa, extremadamente dispersa.

Si voy a por el pan lo hago pensando en las ganas que tengo de hacer otra cosa, o en las pocas ganas que tengo de ver a Fulanito quien, por cierto, viene de frente.

Si leo las noticias, me entra un ansia terrible por leer un libro. Si cojo un libro, inmediatamente pienso que tengo que poner una lavadora, cuando estoy poniendo el detergente en el dispensador me doy cuenta que tengo que pedir cita en el médico (evidentemente la lavadora se queda a medias). Cojo el teléfono y antes de acceder a la aplicación entro en el correo electrónico para ver si hay algo importante.

Ese correo me indica que tengo que llamar al banco para solucionar (otra vez) el tema de la banda magnética de la tarjeta. Busco el número en el directorio. ¡Anda, si no he llamado a Perentanito para anular la cena del pasado viernes! Importante: llamar para inventar una excusa a destiempo para algo que ya es inevitable.

Y así todo.

Ni quisiera escribiendo puedo seguir una línea recta (en la escritura si, me refiero a la idea). Yo lo que pretendía aquí era explicar que este blog nace con la idea de llegar a nadie o casi nadie, de servir de desahogo, de entretenerME. Si a mi. ¿Qué le vamos a hacer si soy mi mejor amiga? Tampoco es que ande muy sobrada de relaciones sociales que digamos.

Me dicen: Escribe un cuento. Pues no.

Me insinúan: Deberías apuntarte a un taller de escritura. No tenía otra cosa que hace ahora.

Me suplican: Sigue un método. Ya me gustaría.

Si alguien me leyera a leyese, que no espere encontrar orden en las ideas o en las entradas. Ni siquiera una narración ordenada. Soy capaz de pasar de un tema a otro sin despeinarme y, lo que es peor, sin darme cuenta.

A mi me gusta escribir, evidentemente, lo que no se si me gusta es que me lea la "gente". Esa es la principal razón por la que elijo este blog. Supongo que si no le doy publicidad alguna, llegará a muy pocos lectores y eso, curiosamente, me permitirá expresarme de forma más libre y más inconsciente.

Puedo hablar de todo. De lo que se, lo haré con el poco o mucho conocimiento que tenga. De lo que no sé, en cambio, me arriesgaré a la tan famosa estulticia de los opinólogos tertulianos a los que hace meses que ni veo ni escucho porque me ha dado por insultarlos en voz alta, y tampoco es cuestión que los vecinos piensen que estoy faltándole al respeto a mi marido cuando, por ejemplo, me dirijo a un señor calvo al que no se le conocen más méritos que haber tenido una madre famosa (por méritos propios) y un padre desconocido.

Y si puedo hablar de todo es porque soy una inconsciente. ¿Lo he dicho ya?

Vale por andar resumiendo, que esto comienza a ser más largo y complejo que el testamento de los Reyes Católicos.

Motivo principal: fotografías que hago por la calle (¡sorpresa!) Hasta ahora ninguna referencia a las fotos (llamarles fotografías es de una pretensión superlativa) más que esa cámara que pulula por ahí arriba y que, hasta estas líneas, nadie sabía qué pintaba por aquí.

Pues si. Hago fotos. Y, además, algunas de ellas me cuentan historias. Esas que no puede escuchar nadie. Esas que una tal Imaginación Desmedida que vive al lado de mi oreja derecha me susurra en el momento en que vislumbra el objeto o persona ("Mira, mira -me dice- que (lo que sea) tan curioso ¿no te sugiere nada?"). Pilla el momento, me digo a mi misma y es entonces cuando Mimisma (que vive al lado de mi oreja izquierda) interviene: "Cada día estáis peor. Las dos. Yo soy una mandada y lo que queráis, pero quede constancia de mi desacuerdo". Lo cierto es que Mimisma sería el equivalente a un Pepito Grillo pasota pero extremadamente sensata que intenta poner orden en mi descontrol.

Pues todo eso.

Mañana más.

O no

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